Antes solía pensar que tomar vino era cuestión de aceptar o rechazar dependiendo si te gustaba o no el sabor, tal como tantas otras bebidas o alimentos que hemos ido tasando en distintos momentos de nuestras vidas. Sin embargo, el vino es un elemento social importante que va más allá de si te gusta o no, si lo consideras amargo, dulce, suave, ácido, ¿vinagre?, etc…
No tomar vino cuando todos los demás lo hacen podría marginarte, limitar que seas integrado al cien por ciento o que simplemente compartas y hables “en los mismos términos”. No se trata de “curarte”, pero un par de tragos desinhibe la personalidad, “suelta la lengua”, y deja que todo fluya.
Por eso es importante aprender a tomar, o a fingir que eres uno más de ellos. Nada cuesta tomar una copa y darle “pequeños sorbos” sin que los demás noten, esto marchará bien mientras sigas su ritmo. No debemos perder de vista que el mimetismo es primordial en todo momento, y los pequeños detalles pueden marcar la diferencia y definir quién es jefe y quién simplemente no lo es…
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